Mikao Usui
De regreso en el monasterio, Mikao Usui dedicó tiempo a meditar sobre Reiki y sobre cómo usarlo para que la soñación fuese permanente. Tras un período de meditación, Mikao Usui decidió que añadir los Cinco Preceptos al Reiki lo volverían más efectivo. Mikao Usui también llegó a la conclusión de que para que el don Reiki fuese apreciado era necesario un intercambio de energía. También decidió que no le impondría el Reiki a cualquiera y a todos, sino que lo pasaría a la gente que se interesara y lo quisiera incorporar a su vida.
Entonces, Mikao Usui comenzó a viajar por Japón, de aldea en aldea, de ciudad en ciudad, enseñando Reiki. A la luz del día, solia pararse en una esquina o en el mercado local con una gran antorcha encendida. La gente se reía de él y le señalaba que ya era de día, y que no era necesario llevar una antorcha encendida. Usui les contestaba que si les interesaba, él podía enseñarles cómo tener más luí, deleite y salud en sus vidas. Después, Mikao Usui los invitaba a ir hasta un templo cercano, ya por la tarde o al anochecer, para escuchar sus charlas sobre Reiki. Esperaba en el templo y lo enseñaba a quienes se interesaban lo suficiente como para ir a escucharlo. Los ancianos porque tenían menos problemas mentales/emocionales adosados a su endeble salud. Luego de aplicarles Reiki, enviaba a ios jóvenes al monasterio para que les diesen nuevas ropas, un nuevo nombre y un empleo. Un día, Mikao Usui notó que estaba viendo de nuevo a los mismos jóvenes. Les preguntó por qué habían repesado a [a ciudad de los mendigos. Su respuesta fue que era más fácil mendigar y hurtar que cambiar sus vidas y trabajar para vivir. Hondamente alterado, algunos dicen que cayó de bruces en el barro. Fue entonces que Mikao Usui se dio cuenta que estaba sanando el cuerpo pero no el espíritu o la mente.




