Archivo de la categoría ‘taoistas’

Transformación potencial

“Hay que pensar que una simple eyaculación contiene entre doscientos y quinientos millones de espermatozoides, y que cada uno es un ser humano en potencia. En un simple orgasmo, habría suficientes espermatozoides perdidos como para poblar los Estados Unidos, si cada uno fuese fertilizado por un óvulo. La fabricación de un fluido seminal capaz de semejante potencial de vida consume más de un tercio de la energía exteriorizada por un hombre diariamente. Es particularmente devastador para el sistema inmunológico glandular del hombre. La conservación de la energía es un principio importante para toda vida espiritual seria, y transforma radicalmente la manera de sentir el mundo.”

Sobre la energía sexual

“La ciencia ha descubierto que un espermatozoide tiene una cola y que, cuando el varón es estimulado, la cola del espermatozoide vibra a muy alta velocidad, lo que crea mucha energía sexual. Lo mismo ocurre con esa especie de pelusilla que recubre el óvulo. Imaginen lo que ocurriría si el hombre fuera capaz de conservar sus espermatozoides: crearían una impresionante cantidad de energía sexual capaz tras ser trasformada de enriquecer su cuerpo entero”.

Control do la eyaculación.
“Durante miles de años, los taoístas han sabido que cuando el hombre aprende a controlar su eyaculación y a transformar su energía, consigue una constitución más saludable porque las hormonas sexuales permanecen en el cuerpo y lo regulan, así fortalecen sus defensas y lo hacen más resistente a la enfermedad. Lo mismo se puede decir de las mujeres. Han de aprender a controlar el flujo de su menstruación para conservar una mayor cantidad de energía sexual”.

Las enseñanzas del Tao

“El Tao no es más que un dedo que señala el camino y, en él, lo primero que se aprende es cómo vaciar y silenciar la mente cuando no se la necesita. Así se puede dirigir esa energía hacia los órganos para mantener y aumentar la vitalidad. Es fundamental aprender a conservar la energía original o Chi, porque eso es lo que orienta todas nuestras acciones”.

Orgasmo múltiple.
“La sexualidad del hombre, sobre todo del occidental, se ha centrado en el objetivo de conseguir la eyaculación renunciando al placer de las cumbres orgásmicas sostenidas. Es más, el occidental ha identificado orgasmo y eyaculación hasta tal punto que le resulta imposible separar ambos procesos a pesar de que, de hecho, es sencillo”.

Retrato de Mantak Chia

Mantak Chia es considerado el mayor mito taoista vivo. Hijo de padres chinos, nació en Tailandia en 1944- A los 6 años, comenzó a aprender la meditación de los monjes budistas. Durante su etapa de estudiante, practicaba además el boxeo tradicional Thai, posteriormente pasó al aprendizaje del Tai Chi Chuan con un Maestro llamado Lu, quien también lo formó en Aikido y Yoga.
Años más tarde, en Hong Kong, le fue presentado el maestro taoista más importante de la época, Yi Eng. A partir de ese momento, empezó a estudiar y practicar el sistema de vida taoista. Así, aprendió a transmitir el poder de la fuerza vital por sus manos, a hacer circular la energía por la Órbita Micros-cósmica, a abrir los Seis Canales Especiales, la Fusión de los Cinco Sentidos, el Congreso de los Cielos y la Tierra, y la Reunión del Hombre y los Cielos.

Luego, a los veinte años, estudió en Singapur con el Maestro Meugui, que le enseñó Yoga Kundalini y Taoista, y la Palma Budista; pronto estuvo en condiciones de eliminar bloqueos del flujo de energía de fuerza vital de su propio cuerpo, así como también los de los pacientes de su maestro.
Cuando tenía 30 años, estudió con el maestro Pan Yu, cuyo sistema consistía en una combinación de las doctrinas Taoista, Budista y Zen, y con quien aprendió el intercambio de la fuerza Yin y Yang entre hombre y mujer y “el Cuerpo de Acero”, una técnica que impide el envejecimiento del cuerpo.

También estudió con el Maestro Cheng Yao-Lu, que combinaba el boxeo Thai con el Kung Fu, y que le enseñó el método secreto Shaolín de Poder Interno y los todavía más secretos métodos de la Camisa de Hierro, conocidos como “Limpieza de la médula” y “Renovación de los tendones”.
Más tarde, y con el objetivo de comprender mejor los mecanismos que hay detrás de la energía curativa, el Maestro Chia estudió durante dos años la ciencia médica occidental, acupuntura y anatomía. De esta manera, utilizando su conocimiento de todo el sistema Taoista como base, Chia desarrolló el Tao Curativo. Actualmente, vive en Tailandia, donde dirige el Natural Healmg Cerner y supervisa los numerosos centros establecidos en Estados Unidos, así como los grupos de formación y prácticas de Alemania, España, Inglaterra, Países Bajos y Suiza.

El concepto de la piedad

“El mejor General no posee deseos de guerra. El mejor guerrero no es violento. El mejor dirigente se mantiene por debajo de sus hombres”. En este fragmento del Tao Te King encontramos un concepto, quizás el único, que los taoístas comparten con los confucionistas: el de la piedad humana (en chino: jen), que debe anteponerse a toda otra virtud. Incluso antes que la rectitud, está la piedad.

Tomemos como ejemplo la imagen del guerrero que usa Lao Tse. El mundo incluye la violencia, la naturaleza misma es violenta, no puede pensarse un universo utópico que no la incluya. Pero dice Lao Tse que el mejor de los guerreros no es violento: es decir, acepta la violencia como parte de su vida guerrera, pero no la busca; la ejerce, pero no la propicia. Antes de ver el mundo con los ojos prácticos de un guerrero (“no hay mejor defensa que un buen ataque” y todas esas ideas violentas), prefiere tener una mirada de piedad, lo cual no le impide cumplir su función de guerrero e incluso ser el mejor de todos. Es importante destacar que la virtud de la piedad está en armonía con esa idea del fluir que tiene el Tao. Es una virtud que debe ser natural al hombre, y que regula y marca la diferencia entre, por ejemplo, la violencia natural que es ley del mundo y la violencia gratuita ejercida por la voluntad del hombre. Los conceptos e ideas que Lao Tsé expresa a lo largo de los 81 versículos de su Tao Te King parecen ser por un lado esencialmente simples y profundos, pero por otro lado cada análisis de un párrafo del libro nos deja una sensación de que algo se nos está escapando. Se pueden ensayar dos posibles explicaciones para esta ambigüedad que podemos reconocer en la lectura de este maravilloso tratado filosófico que serán el tema de una futura nota.

El Tao nos enseña a confiar en el orden del universo y en nuestra propia naturaleza. Leer cada día un fragmento elegido al azar de un libro al que nunca terminaremos de “atrapar” del todo, es como vivir sabiendo que nunca terminaremos, y bendita sea esta verdad, de entender y “atrapar” la vida.
Siempre fluirá. Siempre habrá algo nuevo para experimentar. El vacío se llena constantemente, y la aventura no acaba.

Otras caras del Tao

Escribió Lao Tsé en el Tao Te King: “Cuando los hombres conocen la bondad entonces saben que la maldad existe. Cuando los hombres conocen que lo bello es bello, entonces saben que la fealdad existe. Así, Ser y No – ser se engendran uno al otro. Difícil y fácil se complementan uno al otro. Alto y bajo se acompañan uno al otro. El sonido y su tono mutuamente se armonizan”. Hay aquí un concepto fundamental del taoísmo: los opuestos complementarios. Pero el concepto del Tao, una vez más, difiere de lo que a simple vista entendemos. Para cualquiera es más o menos claro que sólo puedo conocer la luz si existe la sombra. Pero, la palabra “opuesto” nos da una idea engañosa. No es que haya una cosa opuesta a otra, por más que digamos que se complementan. Para el Tao, “luz” y “sombra” no son cosas opuestas que se complementan, sino una misma cosa. La “luz” es también “sombra”, o mejor dicho: “luz” y “sombra” son dos palabras para definir aspectos de lo mismo. Esto es bastante distinto de la idea habitual según la cual el bien lucha contra el mal y llegará un momento en que el bien triunfará. Si todo lo que hay en el universo se convierte en “bueno”, ¿cómo sabremos que lo es?

Si bien en la idea judeo cristina-na del bien y el mal el Diablo había sido en un principio un ángel y en el mismísimo Paraíso crecía el fruto prohibido, las religiones basadas en la idea de Salvación generalmente hablan de otro estado del ser en el que no habrá dolor ni maldad. Para un taoísta esto carece absolutamente de lógica. Lao Tsé se preguntaría: “¿Y cómo sabrán que están gozando de dicha eterna, si no existe el dolor?”. A lo que un teólogo cristiano podría contestar que llegado ese caso, no estarían hablando del universo conocido donde vivimos los seres humanos, sino de otro sitio en la luz de Dios Padre” donde las leyes de este universo no sirven, por más taoísmo o física nuclear que se le quiera poner a ese argumento. Y probablemente el teórico tendría razón. Pero en este universo en el que vivimos, la concepción taoísta es bastante acertada no sólo en el nivel filosófico: la física cuántica ha ido comprobando en las últimas décadas muchos postulados del misticismo y los ha dotado de fundamento científico. Otro párrafo del Tao Te King nos habla también de “Treinta rayos convergen en el círculo de la rueda y por el espacio que hay entre ellos es donde resida la utilidad de la rueda. La arcilla se trabaja en forma de vasos y es el vacío interior lo que los vuelve útiles. Se abren puertas y ventanas en las paredes de una casa, y por los agujeros es que las utilizamos. Así, de la no existencia viene la utilidad”. El vacío es algo que en nuestra cultura en general está asociado a la parte negativa de nuestra visión del mundo.

“Vacío” es una palabra culturalmente negativa asociada a la falta de contenido, carencia de forma, dolor de angustia, desolación. Lao Tsé nos enseña que no hay nada más gozoso que el vacío, porque entonces quiere decir que todo está por hacerse. “De la nada viene la utilidad”. Científicamente hablando, la propia constitución del Universo físico consiste en “nada” y “vacío” más que en ningún otro elemento. Lo que más hay en el Universo es espacio vacío. La física moderna nos enseña que cuanto más nos vamos al nivel microscópico, al terreno de los átomos y la física atómica, cada vez encontraremos más espacio, más vacío, más nada. Las distancias entre los protones, neutrones y todos esos corpúsculos mínimos que componen la materia son, comparativamente, mucho más grandes que la distancia entre las estrellas. En el estado más primordial de la materia, estamos hechos prácticamente de nada. De una infinidad de partículas subatómicas que se mueven a velocidades impensables y a distancias inverosímiles unas de otras. Una vez más, el taoísmo estaba dando hace miles de años una descripción que luego la ciencia corroboraría.
Filosóficamente hablando, la idea es totalmente diferente a la que tenemos los occidentales, que fuimos educados en el sentido contrario: vacío es algo que hay que llenar, que tapar, que hacer desaparecer. Es algo malo. O por lo menos molesto. Lo que nunca sucedería es que lo viéramos como el principio de la creación. Y, sin embargo, tanto el Tao como las rigurosas leyes de la física y las observaciones de microscopio nos dicen que así es.

La sabiduría del Tao Te King

Cuenta la leyenda que Lao Tsé escribió el Tao Te King y lo dejó en custodia de un humilde guardia. En ese libro se encierran las ideas fundamentales de una de las dos corrientes de la sabiduría china: el taoísmo.
Existen en la cultura china infinidad de escuelas filosóficas desde la más remotísima antigüedad. Imaginemos que las formas de escritura más antiguas que los arqueólogos han hallado en tumbas de Ngang-Yang datan de 1500 años antes de Cristo, pero por tratarse de caracteres ya demasiado estilizados es fácil deducir que esos descubrimientos muestran una forma de escritura evolucionada que proviene de caracteres pictográficos muchísimo más antiguos. Estas arcaicas formas del pensamiento chino, reflejadas más tarde en lo que se dio en llamar Los seis libros canónicos (Che-King, Chu-King, Li-King, Yo-King, Tch’uen ts’ieu y Yi-King o I-Ching, quizás el más popular de todos los libros chinos) confluyen sin embargo, siglos más tarde, en dos grandes corrientes en las que se podría dividir a grandes trazos el pensamiento chino: el taoísmo y el confucionismo. El confucionismo, más que una religión o una filosofía, es un ritual social. Confucio no es más que un transmisor y ordenador de la antigua cultura china, que se nutrió de los Anales de las tres Dinastías de la antigüedad, de las Odas, los Rituales y las Crónicas (el material de los Seis Libros Canónicos) para extraer de allí los materiales con los que compuso su tratado Ch’un Ch’iu (“Primavera y otoño”). El mismo Confucio dijo:

“Yo nada he hecho si no es amar las antiguas doctrinas y transmitirlas a la posteridad”. La oposición a esta tradicionalismo algo conservador es el pensamiento de Lao-Tsé, que diera origen a la escuela conocida como taoísmo. Opuesto esencialmente al confucianismo, le reprocha haber falseado la primitiva sencillez natural del hombre con virtudes artificiales basadas en la cultura patriarcal de los grandes señores y las tradiciones asfixiantes. Si hubiéramos de trasladar estas dos tendencias chinas a nuestro tiempo, se podría hacer la siguiente analogía: las personas muy enganchadas en la vida práctica (confort, trabajo estable, sociedad, aceptación de los modelos socioeconómicos) serían confucianas, mientras que toda forma de cuestionamiento de esa sociedad establecida sería expresión del taeoísmo (lo que podría ir desde los terapeutas alternativos hasta los músicos de rock, e inclusive los vagabundos).

El taoísmo chino y el misterio cotidiano de la rueda

El taoísmo chino establece una concepción análoga de los tres niveles de la realidad:
Lao Tsé en el Tao Te Ching habla del misterio cotidiano que es la rueda: “Treinta rayos convergen hacia el centro de una rueda, pero el vacío en el medio hace marchar al carro”. Sin el eje inmóvil nada se movería.
1. Posición
Sentarse en el suelo sobre una base cómoda y con las piernas flexionadas pero sin forzar.
También puede utilizarse una silla giratoria. La espalda debe estar recta, las manos descansan sobre las piernas, una encima de otra y con las palmas de las manos hacia arriba.
La respiración será tranquila y los ojos estarán cerrados.
2. Desarrollo
Las seis fases serán desarrolladas en no más de veinte minutos, dedicándole alrededor de tres minutos a cada una.
Partimos del centro y recorremos los cuatro puntos cardinales con la mente en esta secuencia: Centro, Norte, Este, Sur, Oeste, Centro.
Después de cada punto cardinal que terminamos hacemos una respiración profunda.
En cada uno de los puntos cardinales nos visualizamos según la edad que corresponda:
Centro (Fases 1 y 6): es el ámbito de la paz y la comprensión. Puede visualizarse como una luz dorada que irradia en todas las direcciones.
Norte (Fase 2): corresponde a la infancia y al descubrimiento del mundo.
Este (Fase 3): corresponde a la juventud y la búsqueda del mejor camino.
Sur (Fase 4): corresponde a la madurez. Se han realizado ya ciertos proyectos de vida y todavía estamos a tiempo de corregir errores o cambiar de orientación.
Oeste (Fase 5): corresponde a la ancianidad. La experiencia de la vida nos brinda serenidad y desprendimiento. Disfrutar de las cosas bellas y de los valores espirituales.

Maestro taoísta Liu Pai Lin

El célebre maestro taoísta Liu Pai Lin ejerció la medicina natural del equilibrio Yin y Yang y enseñó su arte hasta el último día de su vida, a los 93 años de edad. Fue un ejemplo vivo de esta filosofía práctica. Su partida de este mundo no fue a causa de enfermedad ni sufrimiento, sino a través del mismo arte de “sentar en la calma”, la práctica de Meditación Taoísta.

Lao Tsé y el Tao

Este párrafo de la gran obra de Lao Tsé es crucial. En principio, se hallan en el mismo dos ideas casi opuestas que, al complementarse, encuentran su sentido más profundo. Por una parte se dice que no hay que intentar modelar el mundo a nuestra manera, lo cual nos habla de una aceptación, lejana a la idea de conflicto con el mundo. Pero también concluye diciendo que “el sabio rechaza la complacencia”. En apariencia, eso es lo contrario a la aceptación. Lao Tsé está, en realidad, hablando de una aceptación activa, no del dejarse estar pasivo y desidioso de quien no participa del mundo.

Más bien la idea pasaría por un “dejarse llevar” en la corriente de las cosas, accionando e interviniendo en el mismo flujo de ella, aprovechando la energía y el movimiento del agua que corre en lugar de “nadar contra la corriente”, como habitualmente se dice. El mundo es como el agua: quien quiere retenerla entre sus manos, la pierde. El sabio se ubica en el medio de las cosas que “van delante” y las que “van detrás”, de las que “soplan hacia fuera” y las que “soplan hacia dentro”. Por eso rechaza los excesos de toda clase: tanto en cuanto a acumulación, como también el exceso de inacción. Siglos después de Lao Tsé, un poeta portugués escribió: “El mundo no se hizo para pensar en él, sino para mirar hacia él y acordar”. Es la idea del Tao: fluir con la corriente, pero accionando en el sentido de ese fluir.