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Sesion de masaje tailandes con final feliz

Masaje tailandes con final feliz: el masaje tailandes se practica en el suelo. “Es como ventilar una casa vieja que lleva tiempo cerrada. Hay que abrir para que todo respire: la musculatura, las articulaciones, todo el sistema linfático, sanguíneo, nervioso, etc.”. El paciente viste pantalones y camiseta de algodón y puede elegir la postura inicial. Antes de comenzar Christine le preguntará si duerme bien, si ha tenido algún tipo de operación, si lleva un marcapasos o algún implante dental o si tiene varices dolorosas, pues la forma de presionar será distinta en cada caso.

Durante la terapia se trabaja el cuerpo entero, aplicando estiramientos, presionando puntos energéticos y desbloqueando para que la energía fluya. “Empiezo a trabajar normalmente por las piernas, porque el sistema nervioso desciende y retorna, y como siempre estamos de pie es la zona que más se carga. Sigo hasta la cabeza y el cuello”. Como terapia preventiva basta una sesión mensual. Pero si se busca tratar una dolencia es necesario acudir cada semana durante unas seis u ocho sesiones.

Masaje Tailandes

El masaje tailandes nació para estirar el cuerpo de los monjes budistas que pasaban horas en la misma posición. Este masaje consiste en realizar estiramientos muy suaves para abrir y desbloquear la musculatura, los tendones, las articulaciones, etc., mientras se presionan con los dedos los diferentes puntos meridianos situados en las líneas energéticas del cuerpo. Es una técnica de herencia milenaria, que tiene sus raíces en las medicinas tradicionales de Tailandia y China. Es muy similar al shiatsu y comparte características con otras disciplinas orientales como el yoga, la digitopresión y la meditación.

Según nos cuenta Christine Thomas, es un masaje fundamentalmente terapéutico, especialmente efectivo como prevención. “De hecho los masajistas que había en la corte de China eran despedidos cuando el emperador se ponía enfermo, porque eso significaba que no había hecho bien su trabajo”. El masaje tailandés comenzó a practicarse en Occidente a partir de los años 60 y se difundió en España de la mano de Juan José Plasencia, maestro de Christine y uno de los principales terapeutas de este arte en nuestro país.