Cada maestrito con su librito

Desde Buda hasta Paianjali, pasando por Ramakrishna. Yogananda, Lao Tzu, Shinion Bar Yojali, Krishnamurti, San Juan de la Cruz, Osho o Ignacio de Loyola. muchos maestros espirituales han basado su enseñanza en distintas formas de meditación. Detrás de los diferentes modos de simbolizar la experiencia, el planteo es común: estar aquí y ahora, recobrar la unidad del ser, ubicarse en el campo de la conciencia pura que está más allá de los condicionamientos mentales. Pero en este proceso que reúne a Oriente y Occidente, el viajero que inicia su búsqueda puede enfrentarse con un verdadero laberinto: ¿qué camino tomar?

Así como ser hijos de la vida nos hace de una misma esencia, la forma en que hemos vivido y nos hemos desarrollado nos hace diferentes y singulares. A la hora de internarnos en un sendero meditativo, no habría por qué ignorar estas tendencias individuales y sometemos a un molde único. Por eso pueden resultar orientadoras las clasificaciones que han realizado algunos estudiosos del tema, como I.awrcnce Le Shan, que distingue cuatro modalidades básicas: el camino del cuerpo, el de ¡¿emoción, el del intelecto y el de la acción.

• El camino del cuerpo: agrupa a todas aquellas meditaciones que se basan en una completa absorción en el cuerpo, ya sea en movimiento o en quietud. Las danzas sufis. el tai chi y el yoga son claros exponentes.
• El camino de la emoción: libera los sentimientos y expande la capacidad de amor más allá de los límites del cgo. Muchas personas que han hecho psicoterapias que privilegian e trabajo con lo emocional luego se han convenido, naturalmente, en meditadoras.
• El camino de la acción: conduce a “estar presente” por medio de un determinado tipo de actividad. El tiro con arco, los arreglos florales que milenariamente se realizan en Japón, el tejido de alfombras realizado por los sufis y hasta la jardinería común y corriente pertenecen a este grupo.
• El camino del intelecto: “usa” al intelecto como punto de punida para trascenderse a sí mismo. El máximo ejemplo sería la vía propuesta por Krishnamurti.

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