Anti-estrés por meditadores experimentados

Esta pauta de mayor excitación inicial y más rápida recuperación posterior fue exhibida por los meditadores experimentados, hubieran o no meditado antes de comenzar el film. De hecho, los meditadores se sentían relajados lodo el tiempo que pasaron en el laboratorio. La recuperación rápida del estrés es un rasgo típico en los meditadores. Incluso los novatos, los que meditaron por primera vez en el laboratorio, estaban menos ansiosos después del film y se recuperaron más de prisa que quienes no llegaron a meditar. La meditación en sí misma parece ser la causa más probable de la recuperación rápida del estrés. Si una veloz recuperación entre los meditadores experimentados hubiese sido el resultado de algún rasgo de personalidad común al tipo de personas que practican meditación, los novatos tendrían que haber sido tan lentos en su recuperación como las personas que sólo se habían relajado.

Mi estudio podría explicar la menor incidencia de ansiedad y perturbaciones psicosomáticas entre los meditadores. Las personas que son ansiosas crónicas o que tienen un desajuste psicosomático comparten una paula específica de reacción al estrés: sus cuerpos se movilizan para enfrentar el desafío (un aumento de la tensión inicial es necesario porque les permite disciplinar su energía y conciencia para enfrentarse con una amenaza potencial); pero en vez de dejar de reaccionar cuando el problema fue superado, sus cuerpos permanecen excitados, cuando debían estar relajados, reuniendo energías y acumulando recursos pura un nuevo enfrentamiento con el estrés.
La persona ansiosa enfrenta acontecimientos normales de la vida como si fuesen una crisis. Cada mínimo acontecer aumenta su tensión y esta, a su vez, efectúa una ampliación del próximo hecho común y corriente —un vencimiento, una entrevista, una consulta al médico— al tamaño de una amenaza. Dado que su cuerpo permanece movilizado después que el acontecimiento terminó, la persona ansiosa tiene un menor nivel de tolerancia para la amenaza frente al próximo hecho. Si hubiese permanecido en un estado relajado, podría captar con tranquilidad el segundo acontecimiento.

En cambio, un meditador se enfrenta al estrés de un modo que rompe la espiral “amenaza-excitación-amenaza”. El meditador, después que pasó el desafío, se relaja con más frecuencia que el no-meditador. Ello disminuye la probabilidad de percibir los hechos inocentes como si fueran amenazadores. Así, percibe la amenaza con mayor precisión, y reacciona con excitación cuando es necesario. Una vez excitado, su veloz recuperación hace que sea menos probable que vea el próximo vencimiento como una amenaza.

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