Otras caras del Tao

Escribió Lao Tsé en el Tao Te King: “Cuando los hombres conocen la bondad entonces saben que la maldad existe. Cuando los hombres conocen que lo bello es bello, entonces saben que la fealdad existe. Así, Ser y No – ser se engendran uno al otro. Difícil y fácil se complementan uno al otro. Alto y bajo se acompañan uno al otro. El sonido y su tono mutuamente se armonizan”. Hay aquí un concepto fundamental del taoísmo: los opuestos complementarios. Pero el concepto del Tao, una vez más, difiere de lo que a simple vista entendemos. Para cualquiera es más o menos claro que sólo puedo conocer la luz si existe la sombra. Pero, la palabra “opuesto” nos da una idea engañosa. No es que haya una cosa opuesta a otra, por más que digamos que se complementan. Para el Tao, “luz” y “sombra” no son cosas opuestas que se complementan, sino una misma cosa. La “luz” es también “sombra”, o mejor dicho: “luz” y “sombra” son dos palabras para definir aspectos de lo mismo. Esto es bastante distinto de la idea habitual según la cual el bien lucha contra el mal y llegará un momento en que el bien triunfará. Si todo lo que hay en el universo se convierte en “bueno”, ¿cómo sabremos que lo es?

Si bien en la idea judeo cristina-na del bien y el mal el Diablo había sido en un principio un ángel y en el mismísimo Paraíso crecía el fruto prohibido, las religiones basadas en la idea de Salvación generalmente hablan de otro estado del ser en el que no habrá dolor ni maldad. Para un taoísta esto carece absolutamente de lógica. Lao Tsé se preguntaría: “¿Y cómo sabrán que están gozando de dicha eterna, si no existe el dolor?”. A lo que un teólogo cristiano podría contestar que llegado ese caso, no estarían hablando del universo conocido donde vivimos los seres humanos, sino de otro sitio en la luz de Dios Padre” donde las leyes de este universo no sirven, por más taoísmo o física nuclear que se le quiera poner a ese argumento. Y probablemente el teórico tendría razón. Pero en este universo en el que vivimos, la concepción taoísta es bastante acertada no sólo en el nivel filosófico: la física cuántica ha ido comprobando en las últimas décadas muchos postulados del misticismo y los ha dotado de fundamento científico. Otro párrafo del Tao Te King nos habla también de “Treinta rayos convergen en el círculo de la rueda y por el espacio que hay entre ellos es donde resida la utilidad de la rueda. La arcilla se trabaja en forma de vasos y es el vacío interior lo que los vuelve útiles. Se abren puertas y ventanas en las paredes de una casa, y por los agujeros es que las utilizamos. Así, de la no existencia viene la utilidad”. El vacío es algo que en nuestra cultura en general está asociado a la parte negativa de nuestra visión del mundo.

“Vacío” es una palabra culturalmente negativa asociada a la falta de contenido, carencia de forma, dolor de angustia, desolación. Lao Tsé nos enseña que no hay nada más gozoso que el vacío, porque entonces quiere decir que todo está por hacerse. “De la nada viene la utilidad”. Científicamente hablando, la propia constitución del Universo físico consiste en “nada” y “vacío” más que en ningún otro elemento. Lo que más hay en el Universo es espacio vacío. La física moderna nos enseña que cuanto más nos vamos al nivel microscópico, al terreno de los átomos y la física atómica, cada vez encontraremos más espacio, más vacío, más nada. Las distancias entre los protones, neutrones y todos esos corpúsculos mínimos que componen la materia son, comparativamente, mucho más grandes que la distancia entre las estrellas. En el estado más primordial de la materia, estamos hechos prácticamente de nada. De una infinidad de partículas subatómicas que se mueven a velocidades impensables y a distancias inverosímiles unas de otras. Una vez más, el taoísmo estaba dando hace miles de años una descripción que luego la ciencia corroboraría.
Filosóficamente hablando, la idea es totalmente diferente a la que tenemos los occidentales, que fuimos educados en el sentido contrario: vacío es algo que hay que llenar, que tapar, que hacer desaparecer. Es algo malo. O por lo menos molesto. Lo que nunca sucedería es que lo viéramos como el principio de la creación. Y, sin embargo, tanto el Tao como las rigurosas leyes de la física y las observaciones de microscopio nos dicen que así es.

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