Reiki para la hipertensión

Reiki es el nombre con que conocemos hoy una disciplina originada en Japón pero con antecedentes históricos milenarios, que nos brinda la posibilidad de curar psíquica, física y espi-ritualmente mediante la técnica de la imposición de manos, sinónimo con el cual también se conoce esta terapia. Actualizado y sistematizado en los últimos cien años, este ancestral método curativo ya se conocía y se practicaba en muchas culturas antiguas, pero sus principios y la sabiduría que encierra se perdieron durante centurias, hasta que un monje japonés, el doctor Mikao Usui, se encontró con esta suma de conocimientos de manera casual en el siglo pasado. Impotente para ayudar a sus congéneres, Usui intentaba encontrar una cura para los males que los hombres de su tiempo sufrían y para los cuales las otras formas de curación conocidas eran ineficaces. Después de años de estudio y experimentación, logró ver el milagro que el Reiki producía en las personas afectadas por todo tipo de males. Pero el Dr. Usui no sólo redescubrió el Reiki, sino que realizó también la primera sistematización del método. A partir de ese momento dedicó el resto de su vida a curar y a difundir sus beneficios, formando escuelas y entrenando discípulos que continuaron manteniendo viva esta extraordinaria forma de curación. En el último siglo hemos sido testigos de una progresiva aceptación en Occidente de las muchas terapias o métodos curativos que poseen las culturas orientales, más naturales y benignas que los conocidos y utilizados por la medicina tradicional. La expansión de estos métodos ha sido y es permanente debido al descubrimiento de que no sólo se trata de terapias de gran eficacia -sustentadas en miles de años de prácticas y resultados-, sino que para muchos de los males moder-nos que nos aquejan, la medicina occidental tradicional carece a veces de respuestas y tratamientos adecuados. Como método terapéutico, el Reiki se extiende cada día más porque su aprendizaje y práctica resultan extremadamente sencillos de realizar, y por estas razones son cada vez más las personas que deciden acercarse a él como “pacientes” o para convertirse en “sanadores”. Podemos encontrar sus orígenes en ciertos sufras budistas que datan de aproximadamente el siglo V antes de Cristo, pero hay antecedentes de sus principios en la civilización egipcia y también en las tradiciones amerindias. Esto demuestra que hay evidentemente un hilo conductor invisible que une, en distintos momentos de la historia y en diferentes culturas y lugares, a aquellos hombres que tenían la tarea de pelear contra las enfermedades y tratar de curar. Porque lo que en la mayoría de los casos estos hombres descubrieron, con diferentes matices, son los mismos grandes principios que Occidente olvidó durante cientos de años. Y no fue por obra de la casualidad, sino que todos ellos se rindieron ante la evidencia del tratamiento: el camino elegido era el adecuado porque servía para que sus pacientes mejoraran o se curasen.

Etiquetas:

Deja un comentario