Sentir la tierra con el yoga

Vivimos en una civilización que considera que todo lo puede resolver con el pensamiento. Nuestra cultura exalta el valor del cálculo y del razonamiento, de las estrategias y de las evaluaciones. Esta civilización sobrevaloró la cabeza y perdió su cuerpo. Y lo más despreciado de esc cuerpo son los pies, una zona olvidada que debemos recuperar.
Tanto hemos olvidado los pies que el dedo meñique está a punto de desaparecer. El pie de atleta ataca más frecuentemente allí porque el cuerpo ya no lo defiende, casi no lo reconoce como propio. Los pies andan encorsetados, y se han convertido en una unidad, cuyas partes tienen muy poca capacidad de movimiento autónomo. Sin embargo, al observarlos con detenimiento descubrimos que son una maravillosa y perfecta obra de ingeniería que, a pesar de nuestro desprecio, nos sostienen y nos trasladan.
La imagen del hombre actual es la de un ser que posee una cabeza enorme, cuyo cuerpo se va achicando, hasta llegar a un punto externo diminuto representado en los pies. Dada esta imagen tenemos dos alternativas: o disminuimos la energía de la cabeza o ampliamos la energía de los pies. Empecemos a recuperar los pies.

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